Cooperación y desarrollo. Sector Primario: ¿Crisis alimentaria o de precios? (VII).
Por Orestes Martí y Fernando Alemán.

Tal parece que la confusión reinante es bastante seria y algunas veces hablamos del impacto de la Guerra en Ucrania y que es la causa de la “crisis alimentaria”, olvidándonos de que hace sólo unos meses se afirmaba lo mismo en referencia a la pandemia de la Covid-19.

Hemos considerado entonces que sería muy interesante compartir un trabajo publicado por Investig’Action (investigaction.net) titulado “De crisis alimentaria en crisis alimentaria”, en realidad una traducción del original en francés “De crise alimentaire en crise alimentaire” publicado en el sitio de “Grain” (1)

“De crisis alimentaria en crisis alimentaria
“¿Cuándo entenderán correctamente el mensaje los que están en los espacios de “poder”? En un momento en que el mundo se enfrenta a una crisis alimentaria cada vez más grave –la tercera en quince años, según los expertos–, cabría pensar que una reunión de un gran número de gobiernos, como la que presenciamos en la conferencia “
Unidos por la seguridad alimentaria mundial”, celebrada en Berlín a finales de junio, daría lugar a una acción firme y sensata.
“Pero no fue así. En cambio, la reunión se saldó con unas cuantas coaliciones nuevas, un poco más de dinero sobre la mesa y esencialmente las mismas medidas de siempre. Esto está muy lejos de lo que se necesita para superar la crisis. En las últimas semanas, se han publicado muchos datos y análisis nuevos que nos permiten comprender mejor lo que está ocurriendo y cómo podemos afrontarlo. He aquí algunas de las principales cosas que hemos aprendido.
“Nos enfrentamos a una crisis de precios, no a una escasez de alimentos
Los precios de los alimentos han subido en todo el mundo junto con los costes de la energía, y en parte debido a ellos. Los pobres y las personas vulnerables son los que más sufren estas subidas de precios. Pero no hay escasez de alimentos. Algunos países, como China o India, tienen grandes reservas de alimentos como parte de una estrategia de seguridad alimentaria, y se les debe permitir hacerlo, a pesar de los debates en curso en la Organización Mundial del Comercio sobre si las reservas de alimentos y las prohibiciones de exportación distorsionan el comercio, y cómo lo hacen. Pero nuestros sistemas alimentarios, cada vez más industrializados, están teniendo un impacto global, que conduce a la sobreproducción, la especialización y un enorme despilfarro.
“Alrededor del
60% del trigo producido en Europa se destina a la alimentación animal, mientras que el 40% del maíz cultivado en Estados Unidos se convierte en combustible para automóviles. A nivel mundial, el 80% de la cosecha de soja se destina cada año a la alimentación animal, mientras que el 23% del aceite de palma del mundo se transforma en gasóleo. Países como Vietnam, Perú, Costa de Marfil y Kenia dedican una cantidad considerable de recursos al cultivo y la exportación de productos agrícolas no esenciales como el café, los espárragos, el cacao y las flores. Mientras tanto, innumerables hectáreas en todo el mundo se utilizan para producir comida basura procesada que carece totalmente de nutrientes. A nivel mundial, hay suficiente producción. Pero nos enfrentamos a precios elevados, así como a problemas de mano de obra y distribución.
“Desgraciadamente, los grupos de presión han aprovechado la crisis para intentar hacer retroceder las reformas de la política agrícola y los objetivos climáticos alegando que tenemos que producir más. La nueva estrategia de la Unión Europea, “De la granja a la mesa”, cuyo objetivo es alinear mejor las prácticas agrícolas con los imperativos de la sostenibilidad,
ha sido puesta en causa debido a estas presiones. También han surgido debates en muchos países sobre la conveniencia de levantar los requisitos de incorporación de biocombustibles, cuyo objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, para permitir que los cultivos se destinen a la alimentación. Al mismo tiempo, los elevados precios en los surtidores vienen motivando a los inversores a reactivar la producción de biocombustibles en países como Brasil.
“Las causas son más estructurales que la guerra en Ucrania
Muchos líderes políticos acusan a Rusia de exacerbar la hambruna por razones ideológicas. Es cierto que Rusia bloquea actualmente las exportaciones de granos, semillas oleaginosas y fertilizantes desde Ucrania, así como desde sus propias costas (los gobiernos occidentales insisten en que estas mercancías no están sujetas a sus sanciones). Pero el trigo y el aceite de girasol de Rusia y Ucrania pueden sustituirse por otras fuentes y otros tipos de grano y aceite. El verdadero problema es que algunos países –como Egipto, Senegal o Líbano– dependen en gran medida de estas dos naciones para sus importaciones. Son ellos los que, a largo plazo, deben encontrar soluciones alternativas, preferiblemente apoyando a sus propios pequeños agricultores para que construyan sistemas agrícolas locales diversificados y reforzando los mercados regionales.
“Una veintena de países se abastecen de más de la mitad de su trigo en Ucrania y Rusia. Y sólo siete países, además de la UE, representan el 90% de las exportaciones mundiales de trigo. Por eso no es de extrañar que la mayor parte de este comercio esté en manos de sólo cuatro empresas (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus). Aunque una parte se ve alterada por la guerra, el aumento más significativo del hambre se concentra en países que a su vez están afectados por conflictos, como Afganistán, Yemen, Siria, Eritrea, Somalia y la República Democrática del Congo. Esto no está relacionado con la situación en Ucrania. “Dejen de difundir fake news, África no necesita el trigo de Ucrania”, reclamó recientemente el
líder campesino maliense Ibrahima Coulibaly. Reaccionaba ante el hecho de que la guerra se utilizara como un nuevo pretexto para promover el imperialismo agrícola occidental, que ha destruido los bosques, las tierras de cultivo y la diversidad alimentaria en el Sur.
La especulación es una parte importante del problema
Las pruebas de las que disponemos ahora muestran que la actual crisis de los precios de los alimentos no empezó con la guerra de Ucrania, sino que es el resultado de toda una serie de problemas. Entre ellos se encuentran la pandemia de Covid-19 (con la alteración que ha causado y sigue causando en las cadenas de suministro internacionales), la crisis climática y la especulación en los mercados financieros. El gráfico 1 muestra muy claramente que la subida de los precios de los alimentos está desconectada de la producción y la oferta, que son estables.
“¿Cómo es que ocurre esto? En parte, porque los inversores –ya sean bancos, fondos de pensiones o simplemente particulares– compran participaciones en fondos que les permiten apostar por los precios futuros de las materias primas, con efectos reales sobre el precio actual de las mismas. Esta situación está
bien documentada y es conocida por los gobiernos. De hecho, es similar a lo que ocurrió durante la crisis alimentaria y financiera de 2007–2008. El problema es que los esfuerzos por regular estos fondos han sido saboteados por el propio sector financiero en mercados influyentes como el estadounidense y el europeo. Este tipo de especulación con las materias primas se está detectando incluso en las bolsas chinas.

“Los partidos políticos y las coaliciones de la sociedad civil piden que se limite el número de contratos de materias primas que pueden tener los inversores financieros. Esto parece ser lo mínimo que se puede hacer. En la actualidad, los inversores que huyen del Bitcoin, una de las principales criptomonedas que ha perdido más de la mitad de su valor en los últimos meses, se refugian en las materias primas agrícolas para ganar dinero. Otros dicen que podríamos gravar estas transacciones financieras o exigir la retirada voluntaria de los mercados de materias primas como criterio para cumplir con las buenas credenciales de inversión. Pero la falta fundamental de transparencia que sustenta estos mercados es un enorme problema.
“Esto podría provocar escasez
Los agricultores de todo el mundo se enfrentan a una duplicación o incluso triplicación de los precios de los insumos, especialmente de los fertilizantes químicos, como se muestra en la figura 2. Esta situación se ve agravada por el aumento de los tipos de interés de los créditos que los agricultores suelen utilizar para comprar insumos, así como por el elevado coste del combustible, otro de los principales insumos para los agricultores. Muchos agricultores no tienen más remedio que reducir los insumos, lo que significa que las cosechas disminuirán. Los consumidores tampoco pueden permitirse los costes cada vez más elevados de la producción de alimentos. El resultado podría ser un colapso catastrófico en ambos extremos del sistema alimentario.

“A corto plazo, los gobiernos deben intervenir, subvencionando los alimentos básicos. Si no lo hacen, la gente saldrá cada vez más a la calle, como hemos visto recientemente en Ecuador. Sin embargo, el problema para muchos gobiernos es que ya están muy endeudados, y les resultará difícil y costoso recurrir a las subvenciones sin provocar la ira de sus acreedores, ya sean prestamistas públicos como el Fondo Monetario Internacional o empresas de inversión privadas como BlackRock.
“Además de los insumos, las condiciones meteorológicas cambiantes y extremas derivadas del cambio climático ya están haciendo más compleja y difícil la producción de alimentos. En la India, las
olas de calor están reduciendo el rendimiento de los cereales y haciendo subir los precios de los alimentos. En Kenia y Estados Unidos, el ganado está muriendo debido a las dificultades relacionadas con el cambio climático, mientras que en todo el mundo se está destruyendo el suelo, lo que aumenta enormemente los riesgos para el suministro de alimentos. Por ello, junto a la lucha inmediata por las subvenciones, hay que tomar medidas para que la producción agrícola deje de depender de los insumos químicos lo antes posible. De todos modos, esto es algo que se necesita urgentemente para hacer frente a la crisis climática.
Podemos resolver el problema
Entonces, ¿cómo avanzamos? Muchos gobiernos y bancos centrales intentan controlar la inflación mundial mediante la política monetaria, al tiempo que mitigan el impacto sobre la población a través de las redes de seguridad social. Las partes que se reunieron en Berlín a finales de junio acordaron destinar un poco más de dinero a apoyar y proteger a los más vulnerables. Pero necesitamos medidas más radicales y fundamentales.
“► La vulnerabilidad de nuestros sistemas alimentarios a la especulación financiera debe ser una prioridad. Podrían debatirse muchas medidas, no sólo para cerrar algunas lagunas, sino también para prohibir que determinados actores e instrumentos intervengan en el sector alimentario, y que especulen con los precios de los alimentos. Estas acciones deberían ir de la mano de las antiguas demandas de aplicación de la legislación antimonopolio, la eliminación de la corrupción, incluidos los precios predatorios, y el control público de los precios de los alimentos.
“► La siguiente tarea crucial es construir la soberanía alimentaria. No en el sentido de nacionalismo, fronteras, existencias celosamente guardadas y aislamiento. Las grietas de nuestros sistemas alimentarios provienen del segmento industrializado, que se centra en unos pocos productos básicos, la producción a gran escala, la uniformidad y el expolio de los trabajadores y las comunidades locales para fabricar y conservar los llamados alimentos baratos. Es este sistema de producción el que no puede soportar los choques climáticos y sigue generando enormes daños sociales y ecológicos. La soberanía alimentaria, basada en modelos de producción sostenibles y prácticas solidarias, es la mejor defensa contra la especulación financiera y el control empresarial en nuestros sistemas alimentarios.
“► Movimientos sociales como La Vía Campesina y redes de mujeres como el Foro Asia-Pacífico sobre la Mujer, el Derecho y el Desarrollo también están elaborando
propuestas innovadoras sobre cómo replantear las normas e instituciones del comercio internacional para que realmente estén al servicio de los sistemas alimentarios que pueden sustentarnos –apoyando a los productores y vendedores de alimentos a pequeña escala– y no al revés. Para ello es necesario alejarse del régimen actual de acuerdos de libre comercio y tratados de inversión. Pero repensar la forma de organizar el comercio, poniéndolo al servicio de las necesidades de los sistemas alimentarios locales, significa también poner en marcha medidas urgentes para garantizar el acceso a la tierra, especialmente para los jóvenes y las mujeres.
“► Teniendo en cuenta los debates sobre las crisis actuales, no sólo la alimentaria, está bastante claro que hay que priorizar los objetivos sociales y el bien común. Esto significa que tenemos que alejarnos del papel dominante que desempeñan actualmente las grandes empresas. A pesar de todo lo que se dice sobre la responsabilidad de las empresas y la rendición de cuentas, todo lo que obtenemos son soluciones falsas, el lavado verde y la destrucción continua mientras sus beneficios siguen creciendo. Dado que son las empresas las que promueven los insumos químicos y la dependencia de los combustibles fósiles, realmente es hora de cambiar de estrategia.
“Hay muchas buenas ideas sobre la mesa acerca de cómo remodelar nuestros sistemas alimentarios, e innumerables movimientos sociales dispuestos a tomar la iniciativa y ponerlas en práctica. Tal vez esta crisis alimentaria sirva para que estos movimientos se unan en una acción eficaz, a través de medidas concretas y coherentes.
Traducido por Edgar Rodríguez para Investig’Action

NOTAS:

(1) GRAIN es una pequeña organización internacional que apoya la lucha de los agricultores y los movimientos sociales para reforzar el control comunitario sobre los sistemas alimentarios basados en la biodiversidad

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….“Toda verdad a medias, es una mentira a medias. Lo del barco no quieren decir la verdad, es cierto que está en Turquía, lo que no dicen es que ya pasó por Turquía, llegó a su destino final, Líbano, y éste rechazó la carga por haber fallado en el contrario, y se quedaron a la deriva sin compradores, Egipto anuló la compra de grano ucraniano. Reportan que Egipto canceló los contratos para el suministro de 240.000 toneladas de trigo ucraniano. “El grano fue comprado en diciembre de 2021 a un precio de entre 346 y 360 dólares por tonelada, pero debido a la situación en Ucrania los cargamentos nunca fueron entregados, indica Reuters”.
“Hoy dicen esto “El primer granelero que salió de Ucrania, finalmente ha atracado en Turquía. El buque “Razoni”, el primer barco que salió del puerto ucraniano de Odesa, en el mar Negro, que transportaba un cargamento de maíz con destino al Líbano, finalmente ha atracado en el puerto de Mersin en Turquía. El embajador de Ucrania en el Líbano, Ihor Ostash, confirmó la llegada del buque a territorio turco en una sesión informativa en el Media Center Ucrania de Kiev, aseguró la agencia local Ukrinform”. “El barco ‘Razoni’, que fue el primero en salir del puerto de Odesa y se dirigía al puerto de Trípoli (en el norte de Beirut) en el Líbano, ha atracado en el puerto de Mersin, en Turquía, lo que significa que todos los problemas que rodean a este buque de carga seca han desaparecido”, precisó.
“Pero no dicen esto otro. “El “Razoni”, con pabellón de Sierra Leona, zarpó el 1 de agosto del puerto ucraniano de Odesa, en el mar Negro, con 26.000 toneladas de maíz y tenía que atracar el domingo pasado en el puerto de Trípoli, en Líbano. Pero el retraso de entrega de cinco meses “incitó al comprador y al expedidor a ponerse de acuerdo en la anulación del pedido”, explicó el martes por la noche la embajada ucraniana en Beirut”. Los ucranianos son mentirosos patológicos.
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