Derechos humanos: haz lo que yo digo, no lo que yo hago
Por Orestes Martí y Fernando Alemán.

Mientras el POTUS Biden abandona olímpicamente algunos de sus principales compromisos de campaña y se va convirtiendo en una versión añejada de su antecesor Mr. D Trump, organizando y distribuyendo sanciones para todas y todos -dicho sea de paso, la usual política norteamericana no importa quien esté de administrador de turno en el bicéfalo partido del 1% más rico de la sociedad norteamericana- algunas informaciones, opiniones y visiones alternativas, sustraen a las personas de la realidad virtual de “los medios” y las hacen “aterrizar” en la realidad real.

Así las cosas, hablemos de “brutalidad policial”; pero no convirtiéndonos en caja de resonancia de propaganda pagada para manipular al personal, sino compartiendo con nuestros amables lectores un Reportaje del 21 de abril del presente año -de lo que los sancionadores señalan a los demás, pero que ellos mismos incumplen, por aquello de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio- recién traducido al castellano y publicado en el sitio de Democracy Now! con el título “Historiador Khalil Gibran Muhammad: La policía en EE.UU. se creó en torno al racismo y debe ser juzgada

El veredicto de culpable emitido por el jurado en Minnesota para los tres cargos contra el ex agente de policía Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd no avanza hacia la erradicación de la brutalidad policial y la violencia legitimada por el Estado, afirma el historiador y escritor Khalil Gibran Muhammad. “Si bien los argumentos de la fiscalía se orientaron a mostrar a Derek Chauvin como un policía descarriado, la verdad es que este juicio debería haber alcanzado a la Policía como institución”, dice Muhammad. “No tenemos actualmente un mecanismo en nuestro sistema jurídico que, al abordar delitos individuales, permita que se rindan cuentas y se haga justicia en ese sentido más sistémico”. Muhammad también habla de la historia racista de los departamentos de Policía de Estados Unidos, cuyo origen se encuentra en las patrullas esclavistas. Una historia de la que da cuenta en su libro, “The Condemnation of Blackness: Race, Crime, and the Making of Modern Urban America” (La condena del color negro: raza, delito y creación del Estados Unidos urbano moderno).

Transcripción

Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de la cuarentena. Soy Amy Goodman, con Juan González.

Culpable. Culpable. Culpable. Tres semanas después del inicio del juicio, que ha captado la atención de todo el mundo, y luego de diez horas de deliberación, un jurado compuesto por doce residentes del condado de Hennepin emitió el 20 de abril su veredicto de culpabilidad en los tres cargos presentados contra el ex oficial de policía Derek Chauvin, quien asesinó a George Floyd en mayo de 2020 al arrodillarse sobre su cuello durante nueve minutos y medio.

Para continuar analizando el veredicto y sus implicaciones, nos acompaña Khalil Gibran Muhammad, profesor de Historia, Raza y Política Pública en la Escuela Harvard Kennedy, autor de “La condena de la negritud: raza, delito y creación del Estados Unidos urbano moderno”.

Profesor Muhammad, bienvenido de nuevo a Democracy Now! Nos complace tenerlo con nosotros. Denos un repaso por la historia. Empiece por su reacción al veredicto y luego hable sobre los orígenes de la vigilancia policial en Estados Unidos y su conexión con las patrullas de vigilancia de esclavos.

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Buenos días, Amy. Buenos días Juan.

En cuanto al veredicto, he estado pensando mucho en el respeto hacia cómo la familia decide cerrar este capítulo y en lo que se merecen al impartirse justicia en este caso. Pero también he estado pensando en esto en términos de una batalla, en el contexto más amplio de una guerra, y esa guerra es la justicia para las personas negras, indígenas y demás comunidades de color, y para las personas pobres de este país. Y en ese sentido, el resultado de este juicio representa una batalla que se ganó tras una larga lucha y, como Kandace Montgomery lo ha descrito tan elocuentemente en relación con el trabajo que ha venido realizando, es la consecuencia de años de trabajo de base en Minneapolis. Tengamos en cuenta que cada una de estas batallas será librada en los tribunales del país, ya sea en Toledo, Ohio… Perdón, ya sea en Chicago o en Columbus, Ohio, donde vimos más recientemente el caso de Ma’Khia Bryant. Eso es lo que pienso acerca del juicio y del trabajo que queda por hacer.

Pero sabemos desde luego que mientras la fiscalía estaba presentando el caso bajo el argumento de que Derek Chauvin actuó por cuenta propia, la verdad es que el sistema policial en general debió estar en juicio en ese caso. No tenemos un mecanismo en nuestro sistema legal actual, de la forma en que procesamos delitos individuales, que sirva para impartir esa justicia y una rendición de cuentas más amplia. Y la razón es, por supuesto, que nuestro sistema policial no fue realmente creado para tratar con individuos. Fue creado para controlar a grupos, y esos grupos incluyen los pueblos indígenas durante el período de colonización y principios del siglo XIX, y, por supuesto, para la gran mayoría de personas afrodescendientes en este país, durante 250 años, en el contexto de la esclavitud, la única función de la vigilancia policial era proteger un sistema económico en el que las personas eran catalogadas como propiedades. Si esa propiedad decidía robarse a sí misma, se autorizaba que hombres blancos armados, de todas las clases y categorías de la sociedad, se aseguraran de que los esclavos no escaparan.

Y esa historia nos sigue acompañando. Esa historia sigue presente. Hasta el día de hoy, la vigilancia policial continúa concentrada, en su gran mayoría, en las comunidades más pobres y con mayor desinversión de nuestro país, comunidades de color, porque, a decir verdad, para los estadounidenses blancos de las zonas rurales que están en situación de pobreza severa, la vigilancia policial per cápita es mucho menor. Así que tenemos un sistema que empezó en un contexto de esclavitud y control, y que, en lo más profundo de su esencia, permanece inalterado.

JUAN GONZÁLEZ: Khalil, quería preguntarle justo sobre eso, porque a menudo les digo a mis estudiantes de periodismo que revisen los archivos históricos de nuestros periódicos para ver esto representado vívidamente. Por ejemplo, en 1706, The Boston News-Letter, el periódico estadounidense que más años lleva publicándose, escribió que las personas negras “son bastante adictas a robar, mentir y estafar”. Unos años después, en un diario rival, y sorprende que esto haya sido publicado en un periódico, se podía leer: “Los grandes desórdenes cometidos por negros, a quienes sus imprudentes amos les permiten salir tarde en la noche, han llevado a varios distinguidos y sobrios residentes a caminar vigilantes por la ciudad a altas horas de la noche”. Así que ya se estaban organizando patrullas ciudadanas de vigilancia a principios de 1700 para controlar la población negra de Boston. Obviamente, como usted lo ha expresado tan elocuentemente, esos grupos se convertirían primero en las patrullas de vigilancia de esclavos y luego en los actuales departamentos de Policía. ¿Qué tanto conocen los estadounidenses de esta historia?

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Bueno, creo que es justo decir que la mayoría no lo sabe. Quizás la curva de aprendizaje ha aumentado un poco durante el último año. Pero la verdad es que, ya sea que hablemos de los orígenes de la Policía o la realidad de los 350 años que van desde la esclavitud hasta el período de la segregación, sabemos empíricamente que a la mayoría de los estadounidenses no se les enseña estas historias. Esto es cierto también para los niños afroestadounidenses cuyo plan de estudios depende de legislaturas estatales dominadas por personas blancas, las cuales no están dispuestas a aceptar ni a reconocer esta historia.

Y, Juan, quiero decir algo más sobre esos ejemplos que ha descrito. Creo que algo muy poderoso al revisar los archivos de la era colonial y anterior a la Guerra de Secesión es que las personas blancas no tenían pelos en la lengua. Eran bastante claras y articuladas sobre lo que estaban haciendo cuando criminalizaban la negritud o simplemente criminalizaban el derecho a existir, como ha escrito mi colega Kelly Lytle Hernández. Y nuestro lenguaje se ha convertido en una forma de ofuscar esos mismos mecanismos. Vivimos en una época, este período moderno de las redes sociales, en que hemos acelerado la capacidad de decir una cosa en público mientras se hace otra cosa muy diferente en las políticas y en la práctica. Entonces, esas lecciones de historia son cruciales, es más, yo diría que salvan vidas, cuando se trata de asegurarnos de que a medida que superamos este momento, si eso es posible, reconozcamos la claridad con que las élites políticas del pasado hablaban sobre lo que hacían.

JUAN GONZÁLEZ: En ese orden de ideas, usted mencionó que inicialmente hubo intentos de controlar y, obviamente, suprimir a las poblaciones nativas. Pero, en especial, teniendo en cuenta la reciente muerte a tiros de Adam Toledo, también es la historia de los latinos y otras comunidades de color. Por ejemplo, hay un libro llamado “Gunpowder Justice”, que afirma que solo entre 1915 y 1920 los Rangers de Texas mataron a 5.000 mexicanos en el estado de Texas, actuando como fuerza de supresión. El periódico Los Angeles Times informó recientemente que la policía ha matado a 465 latinos tan solo en el condado de Los Ángeles desde el año 2000. Eso equivale a que durante los últimos 20 años alrededor de un latino ha muerto cada dos semanas a manos de la policía en el condado de Los Ángeles. Hable sobre este tema de la vigilancia policial como medio de represión y terrorismo en estas comunidades.

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Sí, eso nos recuerda que la antinegritud fue la motivación para crear la infraestructura policial, pero no paró ahí. Y creo que es parte del contexto histórico más amplio en el que tenemos que asimilar el pasado como un predicado para la acción y el trabajo que se ha hecho. Kandace Montgomery es una portavoz muy articulada para el trabajo de base que se está realizando en este momento, pero es excepcional. Y el trabajo del Colectivo Black Visions es excepcional. El trabajo de la coalición Anti Police-Terror Project de Oakland, dirigida por James Burch, es excepcional. Aún hay personas de las comunidades de color que necesitan reconocer las grandes limitaciones de una reforma que la Policía haga de sí misma.

Cuando usted, Juan, describe el gran número de víctimas dentro de las comunidades latinas y teniendo en cuenta las evidencias que tenemos de que tal vez un número similar de personas de ascendencia centroamericana o mexicana fueron linchadas por turbas o por agencias policiales, como los Rangers de Texas, esa cifra puede exceder o igualar los números registrados de linchamientos de afroestadounidenses en este país. Es simplemente asombroso y muestra, de manera exponencial, el modo en que el terror ha sido usado como instrumento de control en EE.UU.

AMY GOODMAN: Profesor Muhammad, The Guardian reportó, tras una filtración de datos, que había policías recaudando dinero para Kyle Rittenhouse, el joven que disparó en una protesta, mató a dos activistas de Black Lives Matter y salió de ahí caminando, a pesar de ser señalado por los testigos como “el tipo que le disparó a los manifestantes”. Los mismos policías actúan como terroristas y tenemos toda esta violencia contra los pobres, sobre lo cual usted escribe de manera tan elocuente. ¿Podría hablar acerca de eso y de cómo ahora se usa a la Policía contra los inmigrantes?

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Gracias, Amy. Es una realidad que la vigilancia policial es inherente a cada sistema de nuestra sociedad. Cuando analizamos lo sucedido en la frontera durante el Gobierno de Trump, lo que vemos es una muestra más de la forma en que Trump utilizó y amplió los sistemas que ya estaban establecidos, no los inventó.

Es notable el ejemplo de Kyle Rittenhouse, un hombre blanco que se autoasignó el rol de terrorista antinegro para disparar a la gente, bajo la protección de la llamada Segunda Enmienda, y a quien luego la policía aplaudió, apoyó, le ofreció agua en la escena de los hechos y recibió casi 600.000 dólares en fondos para su defensa legal, gran parte de los cuales vinieron de la misma policía. También es notable el hecho de que Donald Trump recibió 74 millones de votos en las pasadas elecciones al abogar por más vigilancia, más nacionalismo blanco, más control fronterizo, más terrorismo, y que el Partido Republicano, como sabemos, está obstruyendo la aprobación de la Ley George Floyd de Justicia en la Vigilancia Policial, en un ejemplo claro de su apoyo a este tipo de terror que se continúa infligiendo contra la población de este país.

En este momento estamos lejos de poder llegar a un consenso sobre cómo avanzar hacia el reconocimiento de la humanidad en las personas, ya sean solicitantes de asilo que llegan a este país desde Centroamérica o personas que nacieron en cualquier parte del país. Por más esperanzas que tenga en lo que puede resultar del trabajo de activistas como Kandace Montgomery, creo que todos debemos ser tan conscientes como sea posible de que estamos lejos de llegar a un punto en el que podamos esperar que las vidas negras dejen de ser apagadas.

AMY GOODMAN: Cabe agregar que la Ley George Floyd de Justicia en la Vigilancia Policial, que fue aprobada por la Cámara de Representantes y sigue estancada en el Senado, prohibiría las llaves de estrangulamiento y los allanamientos sin previo aviso, ordenaría a los agentes a intervenir en casos de violencia policial, crearía una base de datos pública y eliminaría la inmunidad cualificada. La congresista de Minneapolis Ilhan Omar tuiteó después del veredicto contra Chauvin: “Este es solo un paso minúsculo en el camino a la justicia. Siguientes pasos: una agencia independiente que investigue el uso indebido de la fuerza por parte de la policía; criminalizar la violencia contra los manifestantes; desmilitarizar los departamentos de Policía; disolver y deconstruir departamentos de Policía fallidos”. ¿Cuál es su opinión al respecto?

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Bueno, creo que todo lo que describe Ilhan Omar está sobre la mesa. Estoy de acuerdo con ella en que la Ley George Floyd demuestra los límites del Gobierno federal para controlar 18.000 agencias descentralizadas. Aunque esto es un primer paso, como ella dice con acierto, y creo que es un buen primer paso. Gran parte de este proceso dependerá de las legislaturas estatales que deberán encargarse del trabajo de transformación.

Estamos viendo ejemplos como eliminar la intervención policial ante infracciones de tránsito, tal como ha sucedido recientemente en Berkeley; hay llamados para que las autoridades de salud pública asuman una mayor responsabilidad en los esfuerzos comunitarios de interrupción de la violencia, así como en las iniciativas de reducción de la violencia que ponen énfasis en el trauma como factor causante. Creo que es posible imaginar todas estas cosas en este momento para impulsar una transformación.

Pero en resumidas cuentas, tal vez no estamos del todo listos para las posibilidades de lo que está por venir. Por lo tanto, debemos anticipar que durante las próximas semanas, meses y años, habrá muchas personas experimentando sobre el terreno, probando ideas nuevas. Pero, en definitiva, esto tendrá que ver con la responsabilidad política de lo funcionarios electos, porque ahí es donde se debe presentar un cambio legislativo.

JUAN GONZÁLEZ: Khalil, quería preguntarle sobre la sociedad de la información en la que vivimos, donde la gente tiende a hacer de las estadísticas un fetiche. A menudo los políticos utilizan estadísticas sobre delitos. ¿Puede hablar sobre Frederick Hoffman y cómo él usó indebidamente las estadísticas para demonizar a las personas negras?

KHALIL GIBRAN MUHAMMAD: Claro, en este momento hay una conversación sobre las estadísticas de delincuencia como indicativas de la amenaza y el peligro que las personas negras representan, esto según lo que escuchamos por parte de las élites políticas y particularmente de autoridades policiales. Aunque hoy no estamos teniendo esa conversación, si tuviéramos un contrapunto, sería que desde que mataron a George Floyd el aumento de la violencia que se vio en las principales ciudades en el país es en sí mismo evidencia, prueba suficiente a primera vista y evidencia estadística, de que las comunidades negras necesitan más vigilancia policial y no menos vigilancia. Ese es el legado de Frederick Hoffman: argumentar que la evidencia de los delitos que se cometen o de la violencia o daños que suceden dentro de la comunidad son indicios de la disfuncionalidad y de la peligrosidad de esa población.

Pero eso es una mentira y siempre lo ha sido, porque la violencia dentro de esa comunidad es en sí misma un síntoma de la violencia del Estado y de la violencia de una sociedad que se centró en la extracción y explotación de las personas. ¿Y por qué sabemos esto? Porque no solo las personas negras fueron quienes pasaron por esto. También fueron los blancos. Hubo inmigrantes europeos que experimentaron lo mismo. Hace unos cien años, la misma gente que elaboraba estadísticas reconoció que deberían ver la violencia como síntoma de una sociedad capitalista que explota a la población y que comete actos de violencia en la propia economía. Eso no se puede solucionar con más vigilancia policial. Para solucionarlo se necesita invertir en esas comunidades con intervenciones prosociales, dar a la gente la seguridad económica, el derecho a negociar colectivamente y el derecho a ser visto y a existir, como dijo mi colega Kelly Lytle Hernández.

Así que aún vivimos con la ideología de Hoffman. La idea de Hoffman de definir las estadísticas de delincuencia dentro de las comunidades de color como evidencia de su peligrosidad, y luego impulsar la vigilancia policial como respuesta a ello, sigue siendo el legado bajo el cual vivimos. Esa es la infraestructura que nosotros, muchos de nosotros, estamos tratando de desmantelar.

AMY GOODMAN: Queremos agradecerle por estar con nosotros. Para terminar, Chauvin fue hallado culpable de los tres cargos en su contra y luego, en Columbus, Ohio, justo en el momento en que se leían los veredictos y muchas personas veían la transmisión en sus casas, un policía le disparó cuatro veces a una adolescente negra, matándola. La víctima era Ma’Khia Bryant, de 16 años.

Eso es todo por hoy. Khalil Gibran Muhammad, muchas gracias por estar con nosotros. Profesor de Historia, Raza y Política Pública en la Escuela Harvard Kennedy, autor de “La condena de la negritud: raza, delito y creación del Estados Unidos urbano moderno”. Soy Amy Goodman, con Juan González. Protéjase. Use tapabocas.

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